Prueba del abuso sexual infantil – Cathedra Juridica

Expresiones del creador

Prueba del abuso sexual infantil, cuya publicación confiase a la querida Editorial Cathedra Jurídica, se alimenta, si bien medianamente, de la tesina de mi autoría evaluada en los claustros académicos de la Facultad del Museo Popular Argentino, el 7 de mayo de 2019. La benevolencia del jurado que la examinó y la calificó con diez (diez) me dejó conseguir título de “Experto en Crueldad Familiar”.

El delicioso estudio que mencionara ―donde contara con el estímulo desinteresado y apreciado de quien me acompaña, desde hace cierto tiempo, en mis correrías intelectuales en el campo que nos convoca― no solo profundizó aún mucho más mi interés en la visión de género (el que cultivo desde hace ya tiempo), sino ese oprobio que es la crueldad familiar fue abordado desde distintas enfoques, los que han complementado el haz de luz normativo que se aplica en la función judicial.

El trabajo tiene como estación terminal la oportunidad de apuntalar o amplificar la probabilidad del relato del niño en delitos que, por su ontología, se desarrollan al amparo de la transparencia, al compás de la niebla obscura o de las penumbras; allí resulta bien difícil la recolección de presentes directos o la obtención de pruebas fílmicas que constaten la atrocidad que padece la criatura.

La confiabilidad en los estos del menor con relación a esta pandemia se semeja a 2 hermanas siamesas condenadas a vivir separadas y que volverán a juntarse espalda contra espalda. Para esto, me he tolerado despuntar distintos tópicos, entre aquéllos que está el abuso sexual infantil desde el arco del tiempo; las condiciones en general de la niñez; la mirada somera de los derechos de los pequeños a la luz de la legislación internacional y local; el abuso sexual infantil desde el derecho represivo; los indicadores de abuso sexual; la contestación curativa al abuso sexual infantil, la incidencia del régimen y su viable evolución; la prueba del abuso sexual infantil a la luz del sistema acusatorio; las adversidades probatorias en temas de abuso sexual infantil y la incidencia de los testimonios y de los indicadores nombrados, los que han de ser atados, como Ulises, al mástil del sistema de la sana crítica y a los principios constitucionales que rigen en un Estado de Derecho.

La gravedad de esta constelación de hechos, sus proyecciones infames, fueron puestas de relieve por el Beato Padre, quien ―conociendo los alcances del libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, de Frederic Martel― se ha expedido con relación al tópico que abordamos pontificando que “millones de pequeños de todo el mundo son víctimas de abusos sexuales y nos encontramos frente a una manifestación del mal, atrevida, combativa y destructora; en estas situaciones lacerantes veo la mano del mal o del demonio que no disculpa no la inocencia de los pequeños; es imposible entender el fenómeno de los abusos sexuales a inferiores sin tener en cuenta el poder”; los abusos sexuales a los pequeños son siempre y en todo momento la “consecuencia de la extralimitación del poder”, utilizando una situación de inferioridad del indefenso que deja la manipulación de su conciencia y de su fragilidad sicológica y física.

Pienso que la faena emprendida es un humilde aporte ―una especide de ola en el océano― encarrilado, desde un abordaje académico, a batallar entre los hechos mucho más lascivos comprobados durante la narración de la raza humana.

Por último, una dedicatoria: a mi querida y única tía, Graciela Inés, mi madrina, cuya alma pura y limpia retornara últimamente a los brazos del Constructor, de forma imprevisible y inesperada.

Con tu lamentada y también irreparable muerte, te llevaste una parte de mi niñez y de mi adolescencia donde estuviste que se encuentra en extensos segmentos; el recuerdo de ese incomparable espacio vivido no hace mucho más que brotar innúmeros sentimientos y experiencias que están acumulados en mi retina y en mi corazón: su sola evocación hace una marea interior que consigue de manera fácil entrecortar mi voz y nublar mis ojos.

En su testamento espiritual, el recordado Cardenal Pironio nos recomendaba no plañir la partida del individuo cercano, ya que salimos del Padre, venimos al planeta y dejamos el planeta para regresar con el Padre: si el grano de trigo cae en la tierra y muere, entonces genera bastante fruto.

Ese fruto interminable que nos dejaste, antes de pasar a la eternidad, es exactamente el mismo que tenemos la posibilidad de agarrar de las enseñanzas talmúdicas, donde, acudiendo a la intención de Dios, solo me dejo soliciar que todos y cada uno de los árboles que broten de la fantástica semilla que sembraste sean igual a vos.

Jamás te voy olvidar…

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