La separación de poderes – Cathedra Juridica

Prólogo:

Redactar un prólogo para enseñar el libro de un jurista de la talla de Alberto B. Bianchi puede parecer una labor fácil. Por lo común, lo que frecuenta realizar un prologuista (yo mismo lo he hecho inmensidad de ocasiones) es empezar con una corto reseña de los antecedentes del creador en los distintos campos en los que ha desplegado su actividad profesional, científica o académica, que es, exactamente , lo que no pienso llevar a cabo esta vez.

Antes bien, mucho más que una crónica del creador, que puede llegru· a ser redundante, me resulta interesante desentrañru·sus ideas respecto a la medula de este libro en el que aborda la doctrina de la se­ paración de poderes , tan divulgada como poco famosa en su auténtica esencia y sentido, sobre la que se realizaron inter­ pretaciones disímiles y contradictorias.

Como consumado historiador de las instituciones del dere­ cho público ru·gentino y relacionado, son pocos quienes logren emulru· a Bianchi. El objeto de su libro vino a brindru·le la posibilidad de volcar sus entendimientos y medites sobre un tema tradicional que sostiene actualidad y en el que el Estado de Derecho juega su suerte de la misma la democracia que lo alimenta.

En esta obra, su creador nos obsequia otra verídica joya jurídica desarrollada y rurnada con la prolijidad caracteristica de un eximio rutesano del derecho, sobre la base de un procedimiento que prute de los orígenes históricos de la teoría desde Platón a Locke y la doctrina ingle­ sa hasta llegar a Montesquieu. Explota dicho ámbito para mostrar las primordiales críticas que ha recibido la doctrina de la separación de poderes acabando con una síntesis realmente bien lo­ grada sobre los modelos británico , francés y estadounidense, que fueron los que influenciaron en su mayoría a los consecutivos en el tiempo (v. gramos. el español y argentino, entre otros muchos).

Con su frecuente precisión y claridad, lejos de emedarse en cuestiones semánticas y ideales, Bianchi reconoce, desde el vamos, que el primordial postulado de la teoría reside en la exi­ gencia de que se configure un gobierno con limite conformado por tres poderes, todos los que, en forma separada, coor­ dinada y también sin dependencia, proceda a legislar, dirigir y evaluar. Esta definición abarcativa de todas y cada una de las facetas de la doctrina de la separación de poderes da cabida a la verdad, esto es, a eso que ciertamente sucedió en los p1imeros Estados que la aplicaron, dando sitio a distintas sistemas enlazados por un concepto común, que es la protección de las libertades y la interdicción del despo­ tismo y la arbitrariedad.

Por su parte, leal al espíritu que encabeza la teoría, la obra desgrana todos los modelos dependiendo de la prevalencia que exhiben los órganos en los que se divide el poder del Estado y, particular­ cabeza, de los equilibrios que resultan precisos para compensar esa prevalencia y conseguir de esta forma, como pretendía Montesquieu , que el poder fuera el que contuviese al poder.

Con ese propósito y una peculiar habilidad jurídica para detec­ tar y aislar los primordiales paradigmas, aciertos y anomalías de los modelos tradicionales, el creador se ocupa asimismo de los modelos argentino y español, en este último caso, justificado por la in­ fluencia que vino iirndiando el derecho hispano sobre nues­ tro derecho público en los últimos tiempos, paiticularmente tras la reforma constitucional de 1994, sabiendo, además de esto, que, como lo reconoce Bianchi en múltiples paites de su obra, el modelo estadounidense no forma la fuente única de nuestro de­ recho constitucional.

En lo que respecta al modelo ai·gentino, no puedo menos que elogiai·el fino análisis del creador sobre la hegemonía fáctica que, en los hechos, vino ejercitando el Poder Ejecutivo como vector de las crisis económicas y políticas que, en determi­ nados periodos de nuestra historia, llegaron a desfigurar el sistema constitucional. Entre esas deformaciones , Bianchi asigna un es­ pacio importante para la crítica del populismo que hemos pade­ cido anteriormente inmediato y que muchos males causó a la salud institucional y económica de la República.

Otro de los méritos que exhibe este libro reside en la apli­ cación de la doctrina de la separación de los poderes para ponde­ rar o criticar su empleo en varias cuestiones que provocaron trascendentes enfrentamientos, como fueron, en su instante, los plan­ teados respecto a los embargos de la AFIP y los relativos al Consejo de la Magistratura, tal como a los Tribunales Adminis­ trativos y Tribunales Militares.

Ámbas medites finales que hace el creador meritan de esta­ carse por su agudeza intelectual. La primera, en relación precisa que la diferencia substantiva que hay entre todos los modelos objeto de sus análisis no pasa por el diseño material de la Admi­ nistración sino más bien por el modo perfecto y nivel de control a que está doblegada por los sobrantes poderes. La segunda, en la medida en que advie1te que no hay una teoría universal sino más bien distintas con­ cepciones que señalan a entablar el sistema mucho más conveniente a las situaciones históricas y características de cada país con el fin de conseguir un gobierno con limite, en el que los órganos que ejercitan el poder estatal se controlen en f01ma recíproca .

En definitiva, invito a los futuros leyentes a gozar de este mag­ nífico libro escrito con indiscutible versación, singularidad y ca­ lidad intelectual. Una obra que enriquece, indudablemente, a la literatura vernácula y equiparada y que cumple con la misión de asistir al prójimo, alumbrando el saber que denuncian las novedosas generaciones de abogados y juristas encargados de proteger entre las piezas claves del Estado de Derecho como es el principio de la separación de los poderes.

JUAN CARLOS CASSAGNE

Buenos Aires, marzo de 2019

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