La omisión en el sistema penal – Cathedra Juridica

Prólogo del Dr. Marcelo Solimine:

Con colosal exitación he asumido la labor de enseñar la trabaja prima de Juan Manuel Soria, La omisión en el sistema penal argentino, una pequeña pero sólida obra que destellará en el cosmos de publicaciones doctrinarias, en fecunda expansión, pero en donde no todas y cada una relucen.

Esa compromiso, que paradójicamente es muy agradable y me honra, la he tomado no sin algunos reparos que opuse al creador, quien ha insistido apasionadamente a fin de que escribiera estas líneas.

Por supuesto, mis objeciones nada debían ver con el contenido de la investigación -que luce inigualable y profunda-, sino más bien con el desacierto que para ella supone mi decisión como prologuista.

Es que participo de la iniciativa de la conveniencia de que el preferido sea un profesional versado en la materia abordada en el libro, y preferentemente, que sea famoso por ello. Y precisamente, este no es mi caso, ya que la Teoría del Delito y sus vericuetos -que otrora me atrajo-, no resulta materia que conozca sesudamente y desde la que logre llevar a cabo algún aporte.

De esta manera, mi convite para este papel se ancla de forma exclusiva -con costas para el creador- en la relación personal que nos une, y paga en un auténtico homenaje para mí, que bastante le agradezco; al que se aúna aquel otro invalorable ademán que tuvo, al solicitarme que le entregase su Diploma de Letrado en la Capacitad de Derecho de la Facultad de Buenos Aires, que acepté con orgullo.

Juan me ha acompañado por prácticamente una década en mi tarea como fiscal, enriqueciendo la administración de la Fiscalía de Instrucción N° 47 de Capital Federal, a la que ingresó como «meritorio» y en donde ocupó todos y cada uno de los cargos del escalafón de usado, migrando ahora con rango de funcionario. Fué en pos de otros horizontes, que auguro como justamente prósperos y que anhelo se den en el campo de la Función Pública, ya que es requisito que la Administración de Justicia conserve en sus filas expertos capaces, verdaderos, en compromiso y interesados; condiciones todas y cada una ellas que he comprobado en lo personal en Juan Manuel Soria y de las que fuí beneficiario.

Aclarado ello y abocado a la función asignada, no encontré otra forma de cumplir este papel que no fuese llevar a cabo una reseña objetiva del contenido de este libro, que empieza poniendo de manifiesto la importancia de la dogmática penal como sistema capaz y preciso para llegar a resoluciones racionales y previsibles en las situaciones bajo juzgamiento; tal como la relevancia de interpretar la ley penal bajo la óptica del derecho constitucional.

Entrando al nudo de la obra, en el Primer Capítulo Soria efectúa una pulcra evolución histórico-dogmática de la distinción entre acción y omisión, desde el causalismo hasta el mucho más reciente funcionalismo.

Entonces remarca la esencia normativa de la omisión penal y su fundamento constitucional, exponiendo que ese debe ser el anclaje que debe empapar nuestra situación legislativa y jurisprudencial.

De esta manera, pone de resalto los enfrentamientos que comunmente se muestran en temas de sanciones penales de formas de proceder fundamentalmente omisivas, por intermedio de tipos penales activos, y ofrece un extendido análisis de derecho relacionado, con aprensivo relevamiento doctrinario. En este chato, se posiciona en una situación tajante de respeto al comienzo de legalidad penal en temas de castigo de la conducta omisiva, en concordancia al Código Penal Argentino vigente, garantizando de este modo mayor seguridad jurídica.

En el Capítulo II, el creador organiza el tipo propósito de la omisión, suscribe la clasificación bipartita entre omisión propia y también indigna, y aborda la composición de las dos.

Con enfoque en la omisión indigna, destaca y examina en hondura 2 cuestiones medulares, tal como lo son la situación de garante y la causalidad hipotética.

Precisamente, asimismo considera el tipo subjetivo de la omisión; la problemática situación sobre autoría y participación (introduciendo esenciales ponderaciones sobre la participación omisiva en un delito de comisión y al reves); la oportunidad de tentativa; las cuestiones relacionadas al fallo de tipo y de prohibición, tal como a la antijuridicidad, abordando estos temas con facilidad y llanura.

Ahora con la ingeniería habitual construida, en el Capítulo III aborda entre las cuestiones mucho más problemáticas de la omisión penal, referida a las situaciones en los que resulta bien difícil entablar si estamos frente a un caso de imputación activa o omisiva. En este lote, tras una ojeada de la evolución dogmática que se dió a esta cuestión durante la historia, se inclina, en lo importante, por la teoría de la causalidad; siempre y en todo momento en leal respeto al justo propósito de llevar a cabo un sistema penal omisivo ceñido a las mandas de la Constitución Nacional.

Bajo esa visión, ahonda el tema -con cita de importante jurisprudencia- cerca de teóricos clave, tal como lo son las situaciones de imprudencia, de tutoriales salvadores, la omissio libera in causa y actio libera in omittendo, etcétera.

El Capítulo IV Soria lo destina a enseñar una organizada síntesis de la construcción de la omisión efectuada, y más allá de que alcanzaba, hasta allí, para ofrecer un cierre bastante a su obra, no acorde con esto, pone en práctica su proposición.

De este modo lo realiza en el Capítulo VI, donde confronta su esquema en oposición al delito de homicidio, el mucho más emblemático del Derecho Penal. En este lote, principalmente práctico, pero en donde no prescinde de abundante doctrina, fija situación y cree que en este país no está sosprechado el asesinato doloso por omisión (reconociendo, con honestidad, que su posición no es mayoritaria), señalando que por esa vía legal no puede castigarse una conducta tal, sino hay que asistir a la figura del abandono de persona -a la que le ofrece amplitud interpretativa en su faz teleológica-. Con tal propósito, nos ilustra acabadamente sobre el punto con casos paradigmáticos; dando su opinión sobre ellos, tanto con solvencia como con respeto por autorizada doctrina y resoluciones jurisprudenciales que suscriben una proposición diferente a la que ofrece el creador.

Al fin y al cabo, como queda mostrado en esta corto reseña, la obra aborda con exhaustividad la cuestión de los delitos de omisión, tipos penales que en la visión general de la dogmática penal se muestran eclipsados por los delitos de comisión, a los que siempre y en todo momento se les ha dedicado mayor espacio.

De este modo, escoger los delitos de omisión como tema de estudio fué el primer acierto de Soria. Pero, sin lugar a dudas, el más esencial de sus logros no fue solo enfocar en ellos, sino más bien el haber reivindicado la función de garantía que en sus orígenes tuvo que tener la Teoría del Delito -que es la que da sentido real y razón a su vida- y que, frecuentemente, es un eje que se pierde.

Con estas expresiones, dejo de esta manera presentada a la red social jurídica esta sólida obra, que trasunta responsabilidad y deber en las consideraciones que nos da su joven creador; en quien convergen preparación académica y experiencia judicial como síntesis que asegura y torna deseable nuevos aportes doctrinarios, a cuya producción, desde aquí, lo estimulo.

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