De especiales y compromisos – Cathedra Juridica

Comentario de contratapa:

Corría el luctuoso año 1977, en pleno apogeo de la Dictadura mucho más sanguinolenta de nuestra Historia, en el momento en que el Dr. Juan José Prado era electo por sus pares para comandar la Asociación de Abogados de Buenos Aires (AABA), en ese entonces la organización de letrados mucho más representativa de este país.

Pero las Memorias contenidas en este libro no se empiezan con tal hecho, sino se remontan a la primera mitad de los años sesenta, en el momento en que Prado se asocia a la AABA y, progresiva, pero claramente, empieza a formar parte en la vida interna de la institución comprometiéndose, poco a poco más, tanto en la defensa gremial de la abogacía como en la apasionada protección de los Derechos Humanos en frente de la Injusticia de un Estado represor. Todo lo mencionado, vale aclararlo, sin dejar el ejercicio de su profesión, merced al como tuvo señalada actuación en múltiples causas sobre violación de derechos humanos cuyos ecos prosiguen retumbando hoy en día.

En esos tiempos, como él mismo lo afirma, la verdad se presentaba confusa», y los abogados, esto es, los responsables de demandar y reclamar por Justicia, eran secuestrados, desaparecidos, torturados, asesinados… Este plan diabólico de la opresión se complementaba, además de esto, con otra «herramienta» instrumentada desde la Administración de Justicia, que trataba de imposibilitar a los abogados el cumplimiento de sus diarias tareas y desalentar la práctica de la profesión: inmuebles judiciales derribados, tribunales laborales que no funcionaban, carencia de recursos económicos, desregulación de los aranceles, tributos gravando la profesión, etcétera. Todo ello con la desembozada cooperación de los integrantes del Poder Judicial, devenidos eficientes ayudantes civiles del Poder represivo.

En frente de este panorama desolador, la AABA se formó en un baluarte, una trinchera donde se encolumnaron quienes creían en el Estado de Derecho, el Debido Desarrollo, la Verdad, la Justicia y la Paz. Y para hacer estas convicciones, sus pertenecientes no trepidaron en denunciar las arbitrariedades ejercidas contra la independencia de ejercer la profesión, y reclamar, con todos y cada uno de los medios a su alcance, por la fortuna de los desaparecidos, no solo al Poder de turno, sino más bien asimismo exponiendo la situación frente varias organizaciones de todo el mundo.

El deber y la distribución inclaudicables del Dr. Juan José Prado en semejantes situaciones contribuirían en su designación a fin de que encabezara la AABA, cargo que desempeñó en el periodo 1977-1979. Y fue tal como se formó en un líder, si bien la intensidad de esa referencia solo ha podido ser viable merced a la invalorable colaboración de quienes, en esos años bien difíciles, con él cooperaron

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